Hablemos de pensiones.

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Algunos afirman que el momento oportuno para comenzar a hablar de pensiones es cuando nos incorporamos al trabajo, sinceramente para entonces ya es tarde, la conversación debe iniciar desde la primera infancia, es imperativo construir una cultura con respecto a ese momento culminante de la existencia.



El asunto que plantea este comentario se orienta a la construcción y consolidación de una cultura de ahorro, a no derrochar en la juventud lo que necesariamente vamos a requerir cuando el tiempo inexorable nos aparte del mercado laboral por las razones que sea, llámese jubilación en el mejor de los casos o cuando se presentan vicisitudes como la invalidez o la muerte que puede dejar en el desamparo a los dependientes del núcleo familiar.

Dichosamente en nuestro país el aumento en la esperanza de vida permite contar con el testimonio variopinto de una legión de personas pensionadas o no, nunca será igual la condición de quien cuenta con el derecho al pago mensual, al de otra persona que debe subsistir como se dice popularmente “jugándosela como pueda”.

Es necesario el diálogo intergeneracional, los adultos mayores deben conversar del tema con los niños, la educación en materia de pensiones deberá ser obligatoria en las aulas, en todos los espacios, sean presenciales o virtuales es imperativo abordar las circunstancias que rodean la construcción de un fondo que garantice afrontar en forma digna el encuentro con la adultez, la invalidez o lo que tenemos seguro ¡La muerte!

Los jóvenes no deben olvidar que su condición es temporal y si bien disfrutan el día a día, llegará el momento cuando las fuerzas decrezcan y lo que hoy se derrocha mañana hará falta.

Hablemos de pensiones, como país hemos construido un primer pilar fundado en la solidaridad y esto debe mantenerse por encima de ideologías que abogan por la individualidad, los ticos como en muchas cosas nos hemos colocado al margen de corrientes ideológicas de la más diversa índole, desde los albores de la independencia cuando al decir de los vecinos de Cartago de entonces “había que esperar se aclararan los nublados del día”, como nación hemos recorrido una senda propia.

El tiempo del diálogo en materia de pensiones es hoy, por lo tanto, cada día será el espacio propicio para hacerlo, no importa si somos niños o si peinamos canas.

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