Este pueblo no es pendejo.

El 48 demostró y en otros momentos históricos también que no lo somos pendejos. Es cierto, no obstante, que 70 o más años de paternalismo estatal nos han apaciguado, pero estoy seguro que esa llama rebelde está entre nosotros. Mi papá decía que el tico es como el gato: «hasta que no esté acorralado no saca las uñas». Y la verdad es que nos están acorralando y de forma muy severa.

Todas las sociedades, indistintamente de su ideología y/o sistema de gobierno, tienen élites; sean estas económicas, financieras, empresariales o políticas. El quid está en que haya un balance entre todos los sectores del tejido social y que no una o dos sean las que se benefician más del plato de olla e carne. Eso ha provocado revoluciones y, algunas de ellas, han cambiado el rumbo de la historia.

Nuestro país clama por empleo. Ahí está el primer y más grande problema hoy. Un pueblo llevado a la miseria y el hambre se va a rebelar tarde o temprano pues… llega el momento que se convence de que no tiene nada que perder.

El país tiene que ser liberado del nudo gordiano de regulaciones que nos está sofocando. El emprendedurismo y el sector privado deben de ser incentivados y apoyados para generar producción, reactivar la economía y generar empleo. Necesitamos, y ya, reformas profundas a nuestro sistema político y fiscal antes de que nos lleve el carajo, incluyendo una profunda re-ingeniería institucional y una aplicación draconiana de control y reducción de gastos en el sector público. 

Necesitamos, aunque las soluciones sean dolorosas para muchos, reformas a la política de empleo y de salario público:  Necesitamos claridad y transparencia en todo el proceso. Necesitamos, en fin, una gran estrategia país que nos saque de este atolladero en el que estamos cayendo. Y para que ello funciones, todos los sectores debemos de cooperar y sacrificar.

Pero no podemos pedirle a sectores como las clases media baja, pobre y repobre a sacrificar más de lo que ya han sacrificado porque, hay que ser realistas, Ya no tienen más que sacrificar. Y es ahí, en ese sector social donde se generan las revoluciones y florecen los oportunistas.

Las revoluciones nacen primero en las mentes y corazones de los ciudadanos… después llega a las calles. Y a este pueblo nos han ya empujado, apretado demasiado y, por lo que he visto, leído y comprobado… ya casi estamos en las calles.

Debemos de reaccionar y no atizar más la hoguera alimentando divisiones y odios entre nosotros mismos y, mucho menos, permitiendo que desde el olimpo las fomenten y las agudizen.

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