¿Enemigos de la humanidad?

Así parece. Siria, Nicaragua, Afganistán, Venezuela, narcotráfico, sicariato, secuestros, corrupción, asaltos, maras, violencia doméstica…, y muchos males más lo atestiguan. A todo esto debemos sumar separaciones, rencillas, protestas, homicidios, bombas, incendios, asaltos, enemistades, vicios, engaños, mentiras, violaciones, infidelidades…¿Qué subyace en medio de tanta conducta infrahumana? Odio, en una sola palabra. O sea, hundimiento de la esperanza, muerte de la fe en el hombre, muerte del amor. ¿Podemos salir de este abismo?

Sí podemos, si vemos la otra cara de la moneda, y no solo la esfigie del César. Un autor lo dice mejor: “un hombre vale lo que vale su corazón”. Ya todos sabemos que el bien vence al mal. Ante aquella pregunta precedente de si somos enemigos de la humanidad, surge ahora lo contrario: contamos con medios cada vez  más plenos y alcanzables, si se lucha contra el mal y la injusticia.

Todo depende de aceptarnos como personas, según afirma Romano Guardini, y si alimentamos el “triunfo espiritual” propio del hombre. Aquí comienza el camino de la alegría, fuente extraordinaria de la riqueza humana y raíz de toda convivencia comprensiva, respetuosa y pacífica. Cultivemos una convivencia familiar y social,  fundada en el amor, no en el odio y la separación, tampoco en la violencia y la ausencia de diálogo.

Cuando hay paz en el corazón, renace la esperanza en el hombre. Pero sobre todo, tenemos un corazón para amar, unas manos para construir, una mente para pensar y  una voluntad para luchar. Y viviendo en sociedad podemos atenuar las diferencias y repartir los bienes con justicia y vivir en armonía. Por consiguiente, adoptemos una mentalidad positiva, una mayor solidaridad y una progresiva comprensión, donde cobren realidad el respeto, la tolerancia y la amistad.

Ahora se quiere volver a la nada, a la ausencia de presupuestos y condicionamientos, al descarte de la realidad  del hombre y despojarla de la verdad revelada.

Así lo propuso el filósofo Hegel, proclamando un saber “absoluto” y “transparente”. Hoy  lo siguen algunos intelectuales. Como se dijo en la reunión de Asís, Italia, de distintas religiones y movimientos espirituales  “es bueno y natural pensar en Dios, el hombre haría bien en recordarlo a tiempo”.

Hoy no se habla tanto de Hegel, sino de posverdad, compuesta de engaños, fantasías y mentiras. Un ejemplo lo tenemos en los planteamientos bancarios del gestor del llamado “cementazo”. Esta es la mentalidad llamados a combatir.

Ojalá este nuevo proceso socio-político, plural y democrático acierte en el comienzo de una cultura que se transparente en un saber fundamentado en la verdad. Así lo pide el país y así lo espera.

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