En el bicentenario defendamos la vida

La insistencia de algunos sectores minoritarios, que han encontrado eco en algunas autoridades de los diferentes poderes del Estado, para la aplicación de la norma técnica del mal llamado aborto terapéutico, debe preocuparnos a todos, por la forma y por el fondo.

Grupos de presión que favorecen la muerte del ser humano en el vientre de la madre, bajo conceptos como “este cuerpo es mío”, y otros que han colocado rayando paredes de edificios capitalinos, no hace mucho, entre ellos iglesias, son la muestra más clara del extremismo al que ha llegado un sector de nuestro país.

Consignas ofensivas se mueven en contra de los que pensamos que la vida es inviolable desde su concepción hasta la muerte natural. Lo más grave es cuando, desde los poderes del Estado, que deben ser garantes de la libertad de expresión y de nuestra bicentenaria democracia, algunos acogen el tono de irrespeto para con los que piensan diferente.

La discusión sobre la vida está en el primer lugar de la vida nacional. Es un tema prioritario. Nos encaminamos a los 150 años desde que nuestro país abolió la pena de muerte. Costa Rica apostó a la vida y, hoy, cuando se promueve con fuerza el aborto, debemos tomar conciencia que lo que está en juego es precisamente la vida de seres humanos a los que se les quiere negar la oportunidad de nacer.

Hablamos de la destrucción de seres humanos a manos precisamente de otros seres humanos. Qué lamentable ser testigos de esta realidad cuando nos preparamos para el bicentenario de vida independiente. Hablamos, gústele a quien le guste, de clasificar como seres de segunda categoría a los que ya son personas humanas en el vientre de su madre y decidir simplemente que no pueden nacer.

La vida es inviolable, defiende nuestra Constitución Política. Llamados estamos a defenderla. ¡Qué lamentable que defender la vida se haya vuelto un asunto extremo en nuestro país libre de la pena de muerte y libre de ejército! Hoy, a las puertas del bicentenario, defendamos la vida; no nos detengamos en esta lucha, como en tantas otras en que Costa Rica se destacó históricamente.

Si nos vamos por el fondo, expertos médicos han levantado la voz para decir que no es necesaria la ampliación o formulación de algún reglamento para aplicar el aborto. Sin embargo, es un sector al que tampoco se le ha querido escuchar. Los médicos están llamados a preservar la vida.

Esperemos que en nuestra querida democracia se respete la vida, se respete a quienes la defendemos y no se nos trate de callar. Seamos diferentes a muchas naciones que han dicho sí al aborto. Defendamos nuestra autonomía, nuestra independencia de casi dos siglos diciendo sí a la vida.

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