El papel de la presión social en la pérdida de nuestros valores

¿Qué dirán? Esta pregunta ha llevado a líderes al fracaso, matrimonios al divorcio, lujuria desenfrenada y hasta asesinatos encarnizados en vía pública. Basta con ingresar a las redes sociales o encender el televisor para ver sucesos de muertes, asesinatos, violaciones, sicariato y todo lo que usted se pueda imaginar. Afortunadamente, los noticiarios en la radio son más sensibles y tienden a informar de otros temas, no solo del morbo de los sucesos.

Si queremos rescatar los valores tenemos que entender, que la presión social debe servir para actuar de forma correcta, no simplemente para encajar, en un determinado círculo, sin considerar que se contribuye a la decadencia social.

Por presión social muchos jóvenes entran en el narcotráfico pues les prometen dinero rápido, sexo fácil y abundancia material donde el pago es sus vidas cortas pero “bien vividas”.

No debemos transitar por este mundo, sin dejar una huella positiva en los demás. No se trata de ser un mártir o actuar de los dientes para afuera, sino de buscar un cambio real a nivel de nosotros mismos. Como bien me recordó un amigo, hace un tiempo atrás, la Biblia dice ama a tu prójimo como a ti mismo. La sociedad actual no promueve el amor propio, el amor duradero, más bien es todo lo contrario. Esto nada tiene que ver con ser egoísta. Quien no se ama así mismo, carece la capacidad para poder amar a otros.

Por otro lado, lamentablemente, algunos piensan que si no nos vemos de determinada forma, conducimos tal vehículo o nos comportamos de cierta manera, somos “rechazados” por la sociedad.

Los deplorables sucesos que hemos visto, durante varios meses ya, son reflejo de la pérdida de valores de nuestra sociedad. Al blanco se le llama negro y al negro se le llama blanco. Por alguna extraña razón hemos confiado en nuestro intelecto y hemos construido teorías que son ajenas a la realidad. Dicen los sabios que quien es piadoso con los crueles, termina siendo cruel con los piadosos y lamentablemente, la sociedad actual, directa o indirectamente, castiga al piadoso y premia al cruel, por eso estamos así de mal.

Sin embargo, no todo está perdido. Existen, en cada generación, personas que se preocupan por el prójimo sin jactarse de ello, quizás esta sea la razón por la que no aparezcan en las noticias televisivas de la noche.

Algo queda claro, debemos ocuparnos en recuperar los valores y todo empieza por el amor propio, no el egoísmo, resumido por Erich Fromm, en aquella famosa noción de dar sin esperar nada a cambio, pero sabiendo establecer límites.

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