Donde el arte se vive a flor de piel

En varias ocasiones he tenido el gran honor, en mi calidad de escritor, de participar como juez en los festivales estudiantiles de las artes llevados a cabo en muchos centros educativos del país, en los cuales miles de estudiantes de primaria y secundaria presentan a competencia los trabajos artísticos realizados en las áreas de artes escénicas, literarias, musicales y visuales.

Valga resaltar que este festival es una fiesta artística inclusiva que nació hace 41 años y es organizado, de manera muy asertiva, por el Departamento de Convivencia Estudiantil de la Dirección de Vida Estudiantil del Ministerio de Educación Pública. El cual estipula que uno de los propósitos del Festival Estudiantil de las Artes es homologar lo curricular con lo co-curricular, esto por cuanto el proceso de elaboración de las manifestaciones artísticas toma en cuenta los ejes transversales y criterios de evaluación que se estipulan en los nuevos programas de estudio del ministerio.

Sin lugar a dudas, cada uno de los festivales al que he sido invitado desborda de talento, creatividad, esfuerzo, compromiso, pasión y disciplina, reflejados en cada una de las obras ingeniadas por miles de estudiantes con el apoyo de docentes y padres de familia; definitivamente son momentos donde el arte se vive a flor de piel.

Además, son actividades que dan la gran oportunidad y ofrecen el gran reto de fomentar el arte como una vocación, como una estrategia de aprendizaje, pues se fortalecen las relaciones entre los estudiantes; se forjan sueños, anhelos, ilusiones y la sana competencia y se coloca el arte como uno de los más fundamentales soportes para un desarrollo integral en los humanos y una de las herramientas más poderosas para educar de manera lúdica, donde los estudiantes exteriorizan sus sentimientos y, por tanto, pueden transformar cualquier tema en un apasionante aprendizaje.

Definitivamente, los Festivales Estudiantiles de las Artes son encuentros donde se percibe muy bien que el arte es creación y, por ende, sublimación, conocimiento y libertad. Pues su función integralmente racional y espiritual no puede, ni debe verse sujeta a trivialidades, pues si hay algo que educa y que les permite a los humanos percatarse del ámbito social en el que está inmerso, es el arte.

Felicidades al Ministerio de Educación porque si queremos entender el arte como un horizonte abierto y hacer de él un arquitecto de las condiciones espirituales, intelectuales y sociales de nuestro país, no debemos ignorar los esfuerzos que se hacen para reivindicarlo. También infinitas gracias a cada una de las instituciones educativas que me han regalado la hermosa oportunidad de ser parte de este hermoso convivio de expresiones artísticas. ¡Que viva el arte!

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