Ayudemos al empresario a subir la montaña

Subir El Chirripó es agotador, pero aún más con una mochila cargada de piedras. Así es la vida del empresario costarricense, como la de un caminante que todos los días sube una montaña y enfrenta un Estado que lo carga de obstáculos, en vez de facilitarle el ascenso.

En esa escalada diaria estamos en la empresa privada -el 87 % de los trabajadores del país- quienes luchamos con una maraña de trabas burocráticas, que nos impiden ser más productivos y competitivos.

La fuerza laboral costarricense es de 2,5 millones de personas; de esas 1,3 millones trabajan en una empresa privada y casi un millón más está ubicada en la economía informal, en mucho por la abusiva tramitología que deben de cumplir para normalizar su situación.

Recordemos que del parque empresarial de Costa Rica, incluyendo a los agricultores, el 70% de las empresas tienen menos de cinco empleados y el 94% clasifican como micro y pequeñas.

El sector empresarial apoyó -en el 2018 – la ampliación de la base tributaria, y demanda una cuota equivalente de sacrificio por parte del Estado costarricense, resumida en dos palabras: ¡Eficiencia y Ahorro! en el gasto público.

La venta de activos públicos- que ya cumplieron su ciclo – y la aplicación de parámetros de eficiencia operativa a los monopolios energéticos estatales es un imperativo histórico, para aprovechar al máximo los escasos recursos de que dispone el país para la reactivación económica.

Es indudable que el déficit fiscal, financiado por medio de la deuda, para pagar la gran superioridad salarial promedio del sector público respecto al sector privado, está construyendo una inmensa desigualdad nacional; que obliga al traslado masivo de recursos -vías intereses- de quienes menos ganan hacia los que pudieron ahorrar.

Exigir eficiencia al sector público es un derecho que tienen los trabajadores privados, porque ellos son el 90% del empleo nacional, generan la totalidad de las exportaciones y una inmensa mayoría de los impuestos y de la producción total del país.

Nuestros niños y jóvenes merecen una mejor educación, que cumpla con los estándares internacionales de calidad, para que en el futuro tengan mejores oportunidades.

Al calor del espíritu navideño es necesario tener presente, que la creación de trabajos formales es la máxima expresión de la solidaridad humana, porque solo así esos miles de costarricenses disfrutarán de los beneficios de la educación y del sistema de seguridad social.

Debemos de alentar la esperanza, la alegría de levantarse cada día y salir a trabajar, a estudiar, a formar familias, a divertirnos, a vivir con lo que cada quien gana basado en su esfuerzo diario, en el buen uso de sus talentos naturales y con la certeza de que podemos y debemos ser felices.

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