Autoaniquilación humana

El amor y la vida, los mejores regalos de Dios a la humanidad y como resultado del amor, la existencia de cada ser humano sobre la Tierra. La creación emerge del amor de Dios, señor y dador de vida, el único dueño de la vida. Es Él quien da la vida y la quita, nadie más, aunque la terquedad humana a veces se toma el atributo de creerse Dios.

Hace millones de años un meteorito impactó en la península de Yucatán y exterminó los dinosaurios, hecho que da fin a una era que, de ninguna forma se puede tipificar como un acto de auto aniquilación.

El dominio del hombre sobre la Tierra y su desarrollo, a través de los miles de años lamentablemente, no es amigable con el medio ambiente, poco a poco el hombre destruye los ecosistemas, elimina las especies animales y vegetales, contamina las aguas, la tierra y la atmosfera.

El desarrollo del hombre y la tecnología gráficamente se puede describir de la siguiente manera; el hombre primitivo lanza una piedra con su mano, la piedra con el tiempo se convierte en una lanza, la lanza en una bala, la bala en un misil nuclear de exterminio masivo.

La humanidad borra con el codo, lo bueno que hace con la mano, si bien es cierto muchos adelantos tecnológicos mejoran la calidad de vida, de qué vale eso, si la misma tecnología es capaz de aniquilar con sólo apretar un par de botones, todo tipo de vida en nuestro único y bello planeta.

En estos tiempos si la humanidad no corrige el rumbo que lleva, perfectamente podemos afirmar que la humanidad está por enfrentar la era de la auto aniquilación humana, una auto aniquilación no sólo de la especie humana, peor aún una aniquilación de todo tipo de vida sobre la Tierra.

El vientre materno santuario de vida, medio por el cual Dios nos regala la oportunidad de vivir y disfrutar de este bello paraíso llamado Tierra, y como emblema de amor y sana convivencia la maternidad y paternidad. La concepción de la vida inicia con la unión del óvulo y el espermatozoide, en ese preciso instante se enciende la flama de la vida, flama que sólo y sólo Dios puede apagar.

La era de la auto aniquilación humana la estamos viviendo, madres asesinando en sus vientres a sus hijos mediante el aborto, hijos asesinando a sus padres mediante la eutanasia, doctores desdiciendo quién vive, si la madre o el hijo, Por Dios, no somos Dios.

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