Arde el pulmón del mundo

Con dolor, preocupación y coraje, la humanidad es testigo de la catástrofe ambiental en la amazonia brasileña, la desidia se mezcla con el humo y el fuego que, dejan la huella de la desolación. Flora y fauna evaporizada en segundos, la naturaleza impotente muere y esperar más de 400 años en retoñar.

De qué sirven los títulos, posgrados y adelantos tecnológicos, si escasean las abejas que polinizan las plantas que nutren la vida del hombre.  De qué sirve la soberbia humana, al creerse la especie superior, si los mantos acuíferos desaparecen y los que sobreviven son contaminados.

El desaforo egoísta e irresponsable por atesorar riquezas a costa del desequilibrio ecológico, no brindará a las futuras generaciones el aire fresco vital para la vida; porque la contaminación de la atmosfera avanza sin control. El poder económico, político y del individuo, es fundamental para evitar la auto aniquilación humana.

Arde el pulmón del mundo, contaminación del aire, agua y tierra, cacería y desforestación indiscriminada, perdida de especies animales y vegetales, secuelas… el calentamiento global, únicos ganadores momentáneos, los grandes consorcios económicos, perdedores a corto plazo las nuevas generaciones.

Hace 50 años en San José, las familias disfrutaban los fines de semana de paseos a los ríos como el Virilla, el Torres, Tiribi y muchos otros, sus aguas cristalinas y frescas eran fuente de vida, lugares de reunión y esparcimiento para los pobladores, revieras verdes, floridas y saludables, que hacían mérito al nombre de Costa Rica.

Hoy esos mismos ríos son desagües de aguas negras, focos de infección y contaminación, los bosques primarios y secundarios desaparecen, se les cercena el habitad a las especies animales, el crecimiento urbano e industrial, la agricultura y ganadería, no son amigables con una agenda coincidente con el medio ambiente.

Es preocupante y dolorosa la grave situación en la amazonia brasileña, de igual forma, el calentamiento global.  No podemos ver estos acontecimientos como algo   lejano y ajeno a nuestro país, la Costa Rica de hace 50 años dista mucho de lo que es hoy en materia ambiental, la humanidad está dañando el planeta.

Sólo un planeta tenemos, estamos de paso en él, es nuestra obligación heredar a las nuevas generaciones un planeta saludable, al igual que la felicidad, es una decisión, la decisión impostergable de proteger el medio ambiente nos corresponde a todos y olvidar los egoísmos, los intereses mezquinos y la desidia.

La Tierra nos demanda revertir los daños, de lo contrario la misma Tierra pondrá a la humanidad en su lugar.

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