Aprender a conocernos internamente

Pareciera sencillo, pero uno de los aspectos quizá más difíciles para los humanos es la de reflexionar sobre la vida y acerca de las diferentes reacciones que, en cada etapa evolutiva, hemos experimentado; sin embargo, debería ser una de las habilidades que con mayor responsabilidad y constancia tendríamos que llevar a cabo, pues, como lo han señalado varios expertos, mediante la reflexión alcanzamos un mayor conocimiento y desarrollo personal ya que el conocimiento de uno implica mirar hacia nuestro interior con actitud crítica y reflexiva.

Pero ¿cada cuánto procuramos hacer esta introspección?, ¿acaso se intenta por lo menos?, ¿por qué se nos presenta tan difícil?, a lo mejor porque no se nos acostumbra a enfrentarnos a nuestro propio yo, a esa voz interna que nos refleja tal y como somos, pues vivimos inmersos en corazas de prejuicios, dudas, temores, condicionamientos económicos, educativos, políticos, religiosos…, en fin, una serie de armaduras que nos limitan al desarrollo pleno de nuestras etapas evolutivas.

Precisamente una de las más peligrosas es la armadura de los prejuicios, pues suponemos que lo que estamos pensando, o como nos estamos comportando, es lo absoluto, lo correcto…, y nos limitamos a ver otras perspectivas, a no valorar lo que se encuentra a nuestro lado, a no escuchar otras opiniones…

Por eso, el autoanalizarse simboliza un interesante aprendizaje de autoconocimiento, pues, aunque desafiante, no existe forma más expedita de conocer el mundo, a los demás, aprender a reconocer nuestras debilidades o fortalezas, descubrirnos o recordar quiénes somos. Y ello no es una práctica reciente, valga recordar que fue una de las filosofías practicadas por los antiguos griegos, en especial de Sócrates, quien señalaba que la introspección es el medio de descubrir la verdad en el interior de uno mismo.

Por ello, debemos buscar tiempo para pensar en nosotros, tener el firme propósito de lograr a diario un momento de tranquilidad y de soledad para poder pensar sobre nuestras ideas, emociones o acontecimientos, en fin, acerca de nuestras vidas con el propósito de aclarar nuestros pensamientos.

Además, en la medida en que uno posee un acercamiento interno mayor, también se incrementa nuestra capacidad de aceptación de lo que nos rodea. Por lo tanto, es valioso preguntarse ¿cuántos de nosotros hemos estado prisioneros de nuestras creencias? y ¿cuántas corazas hemos ido desarrollando que se han convertido en aspectos comunes de nuestra existencia?

Definitivamente la reflexión interna nos brinda una nueva sensación de poder, de plenitud, de elevada autoestima y desarrollo de la conciencia para determinar quiénes somos y quienes queremos seguir siendo. Y así, finalmente, con una nueva luz, también podemos llegar a sensibilizarnos más y hacernos más humanos.

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