Apostar por la neurociencia

De acuerdo a como lo expresa la doctora Alejandra Arias: “La neurociencia, en tanto abordaje interdisciplinario del cerebro, es una ciencia insipiente y prolífica que augura una verdadera revolución o cambio de paradigma en la manera de entender al humano”. Y esto no se hace más patente que en el ámbito educativo.

Definitivamente la neurociencia ha permitido mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje pues los grandes avances en esta disciplina han ayudado a develar los mecanismos cerebrales que hacen posible el aprender, el desaprender, el reaprender, el recordar y el grabar información en el cerebro.

Por ejemplo, tradicionalmente, el sistema educativo occidental ha privilegiado, de manera casi excluyente, una modalidad de transmisión del conocimiento compatible con las funciones cerebrales propias o predominantes del hemisferio cerebral izquierdo, en detrimento del gran potencial propio del hemisferio cerebral derecho.

Este tipo de actitudes ante el aprendizaje son las que deberían irse superando con el fin de que los estudiantes puedan integrar las partes en un todo; es decir, que se llegue a la posibilidad de una comprensión holística del contenido donde se asocien diferentes asignaturas dentro de un esquema conceptual mayor que incluya la activación neuronal de ambos hemisferios, de tal manera que se fomente la estimulación del cerebro posibilitando una mayor y mejor asimilación del aprendizaje.

En este sentido, en nuestro sistema educativo son eficaces estrategias de enseñanza con la modalidad de funcionamiento del hemisferio cerebral derecho donde se haga uso de la imaginación, la experiencia directa o vivencial, el arte, la lengua, las letras, la música y la apelación a los cinco canales sensoriales propios de los humanos, más allá de la vista y el oído tradicionalmente priorizados.

Esto abriría múltiples ventajas de la neurociencia en la educación, como por ejemplo el diseño de programas de aprendizaje de idiomas, tanto de primeras como segundas lenguas; el logro de una práctica de lectura más eficaz; una mejor incorporación de estrategias de resolución de problemas, no solo en el contexto del aula, sino permitiendo a los alumnos extrapolar dichas estrategias a su vida diaria y el incentivo de un  procesamiento activo; es decir, que el estudiante consolide e interiorice la información procesándola activamente.

No hay que olvidar que los centros educativos deben ayudar a crear ambientes educativos estimulantes y apropiados para dominar las habilidades sociales. Por ello los docentes deben ver en la enseñanza una gran oportunidad para no solamente formar profesionales sino humanos para prepararlos a enfrentar los retos de la vida más allá de una profesión, y para ello, a todas luces, podrían apostar a las técnicas constructivistas de la neurociencia para lograr una adecuada estimulación y un aprendizaje más creativo.

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