Aeropuerto Juan Santamaría, mercado persa o aeropuerto internacional

Como usuario del aeropuerto, tanto como ciudadano que recoge a familiares o turistas y como viajero, puedo decir que es tierra de nadie, por un lado, la reestructuración y remodelación permanente, que ha logrado que los espacios para poder recoger a los pasajeros que llegan, no solo sean muy pocos sino, también lejanos.

Eso obliga a tener que cruzar, por un largo campo de batalla, entre taxistas, taxistas piratas, transportes hoteleros, buscadores de pasajeros, los pasajeros que se aturden ante aquel panorama y quedan inmóviles a medio camino por temor al abrumador acoso de los anteriores y más.

Cuando ya el pasajero logra sortear esos cien metros, que parecen eternos y logra subirse, al vehículo del familiar o del amigo, que probablemente ha tenido que dar varias vueltas, para lograr estacionar en los campos asignados para poder dar la bienvenida, es muy probable que un prepotente oficial de tránsito, se le acerque y le apure a mover pronto el vehículo o, una vez, que lo logró, le detengan sin motivo y a la lógica pregunta de, por qué me detiene, el oficial responde, porque tengo el derecho.

Posteriormente, sigue luego con pedir la licencia, revisar la placa y el marchamo, seguramente si el carro es muy grande y nuevo, pida abrir la ventana trasera para descubrir un supuesto delito. Además el pasajero que acaba de subir al vehículo, no ha tenido tiempo aún de ponerse el cinturón de seguridad, después de amenazar con bajar las placas o hacer un parte por 207,000 cólones y mal encarado; el oficial de tránsito decide que le ha dado una lección y le permite irse; la paciencia en este punto, resulta imprescindible e indispensable, para no cometer un error y salir de las casillas.

Qué bienvenida, a nuestro país, a quienes son el mayor generador de ingresos, de divisas, por esto es que Costa Rica no avanza, sigue en retroceso.

Muy flaco favor le hace la administración del aeropuerto a la economía del país.

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