El respeto ajeno es la paz

Señaló con gran sabiduría el prócer mexicano Benito Juárez.

En días pasados, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, un grupo de jóvenes pintaron con grafitis las paredes de varios templos católicos y ensuciaron con pintura una estatua del internacionalmente reconocido escultor nacional Jorge Jiménez Deredia.  

Como sociedad debemos preguntarnos ¿Qué motivó a esos jóvenes a proceder de esa forma, abiertamente, irrespetuosa por donde quiera que se vea?

Pareciera ser que la respuesta es más que evidente, la intolerancia, la falta de cultura, que es mucho más que falta de educación y el mayor desprecio por las creencias de unos y por el trabajo de un artista de talla mundial.

Esos hechos hay quienes los han ligado, a la tristemente célebre Opinión consultiva, recientemente emitida, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a la campaña electoral. Hasta parece que un padre de dos de las personas involucradas y detenidas por oficiales del orden, adujo que los lamentables hechos se dieron al “calor del momento”.

Si bien eran jóvenes quienes perpetraron semejantes acciones, tampoco eran niños que llevados por el calor del momento y la emoción de grupo, no tenían la conciencia de que iban a dañar propiedad privada.

No es la idea con este comentario que las personas involucradas se les impongan sanciones extremas pero todas ellas deben tener alguna consecuencia por los actos cometidos. Esto no lo digo solo como castigo por lo que hicieron, sino porque los adultos debemos tener claro que toda acción nuestra, siempre nos acarreará consecuencias, las que deberemos asumir.

Si no se les impone una sanción a quienes pintaron paredes de los templos y ensuciaron una estatua, se estaría dando un pésimo mensaje pero no solo a esos jóvenes que, voluntariosamente, decidieron proceder en la forma que lo hicieron, sino que de quedar impunes, se estaría mandando una pésima señal al resto de los integrantes de nuestra sociedad.

La impunidad es un refuerzo muy negativo pues estimula no solo al infractor a repetir sus indeseables conductas pero además invita a otros a emular esas y otras prácticas indeseables pues total al final nada les pasa a quienes así proceden.

El respeto y la tolerancia son fundamentales para que se dé una verdadera paz social entre todos los integrantes del conglomerado social pues personas que piensan y sienten diferente es lo más deseable en una sociedad pues donde todos piensan igual, al final nadie piensa.

Sin embargo, no es menos deseable que tengamos presente que si queremos expresarnos libremente y no por eso ser irrespetados por quienes piensan diferente, debemos estar claros en que, igualmente, debemos ser integralmente tolerantes y respetuosos con los demás.

¡El respeto al derecho ajeno, es la paz!

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¡El respeto al derecho ajeno, es la paz!

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