2020

El año pasado no fue un buen año políticamente hablando, para la democracia, al menos para una buena parte en América del Sur, paso de todo, el sistema  se derrumbo, cayeron los principios, los valores, gobiernos en la palestra, los partidos políticos tales y como los conocíamos se desnaturalizaron, aumentaron los niveles de corrupción y se elevaron los brotes de violencia en todo sentido.

Si bien es cierto, la democracia no es perfecta, pero al menos es el sistema más evolucionado, participativo, igualitario, social y libre que haya construido la civilización humana, en esencia es y debe ser el gobierno de todos, debe satisfacer al menos las necesidades básicas del pueblo. No debe ser de izquierda ni de derecha, debe ser el gobierno de las mayorías y minorías.

Sin embargo, y nos incluye a los costarricenses, reconocerse demócratas no es eficiente; la democracia no ha sido efectiva, se convirtió en un gobierno para una minoría privilegiada, una elite gobernante con salarios y pensiones de lujo, poder judicial, rectores, altos funcionarios bancarios, etcétera. Hay un gobierno sin rumbo cierto, sin controles legales, sin respeto al Estado de Derecho, sin rendición de cuentas, sin leyes transformadoras de desarrollo social y económico, sin partidos políticos y menos de oposición responsable y sobre todo sin participación de la sociedad civil, esta es cada vez más aislada, desarticulada y desinteresada de la cuestión social y política, como decía alguien, continúa domesticada.

La inexistencia de verdaderos partidos políticos es la causa directa de todos los males democráticos, al igual que la corrupción creciente de una parte de la clase política; la corrupción no tiene ideología, debe desterrarse todos los días de lo contrario esta patología política terminara con la democracia misma.

Que este año, 2020, sea el año de la reconstrucción de la democracia en América Latina y por ende en nuestro país, no hay otro sistema, ni opción viable, debemos unirnos, ver en que coincidimos, encontrar una luz en el túnel, hacer las cosas bien y en tiempo.

Merecemos un gobierno transparente, honesto y eficiente, con políticos capaces, que no viva confundido, sin capacidad de priorización y sobre todo lanzando falsas cortinas de humo, la prioridad es una: trabajo y menos desempleo, mayor seguridad ciudadana y menos crímenes y robos, públicos y privados; mejores servicios en salud, más eficiencia en los servicios que presta la Caja Costarricense del Seguro Social, desarrollo económico y educación con garantía de empleo para nuestros hijos y conciudadanos.

Vamos Costa Rica, si se puede, que este 2020 sea el inicio de una nueva transformación democrática, démosle espacio a la justicia, demosle una oportunidad a la libertad, démosle chance a la grandeza humana que constituye el gobierno de todos, a la democracia total.

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